¿Por qué mis pájaros no crían?

Muchos amantes de las aves deciden en algún momento intentar la cría. Si ya es satisfactorio tener una psitácida o exótico como mascota, más aún resulta ver cómo se reproducen. Para ello compran una pareja, les buscan un buen nido y pasan días y más días observando para estar presentes en el momento preciso, cuando se produzca el apareamiento, la puesta o el feliz nacimiento.

El problema llega cuando pasan las semanas y los pájaros parecen ignorar los deseos de su impaciente dueño. ¿Qué pasa? ¿Por qué tanta gente cría y yo no?

Puede ser por muchos motivos, pero intentaré explicar los más habituales.

  • La supuesta pareja no lo es. Nos han vendido dos machos. Esto, que parece absurdo, ocurre más veces de las que pensamos. En algunas especies como periquitos o diamantes mandarines el dimorfismo sexual es claro. Otras, como los agapornis, no tienen diferencia, y por su bajo precio es poco habitual que estén sexados. Por mucho que el vendedor nos asegure que es capaz de distinguirlos, sólo estaremos 100% seguros si tienen un certificado de sexaje.
  • El macho y la hembra “no se gustan”. En algunas especies, sobre todo de loros grandes, es imprescindible que se formen parejas estables. Para forzar la unión se suele separar durante un tiempo a los dos miembros de la pareja en voladeras adosadas y separadas por una red, de manera que se vean y se puedan acercar pero sin que haya posibilidad de ataque.
  • Hay ratones u otros inquilinos indeseables. Cuando el criadero está en un pueblo o en el campo siempre existe esta posibilidad. Las psitácidas tienen pánico de los roedores. Además estos merodearán por las jaulas comiéndose el alimento de los pájaros y destrozando sus nidos e incluso anidando en ellos. Es imprescindible mantenerlos alejados y tener unas redes con agujeros lo suficientemente pequeños para que no puedan atravesarlos, porque si no no conseguiremos criar, al margen de las enfermedades que puedan transmitir estos animales.
  • La presencia de otros pájaros. En época de celo algunas especies se ponen muy agresivas y territoriales. Si tenemos a varios ejemplares de estas especies juntos, lo más seguro es que se ataquen y destrocen los nidos. Lo mejor, separarlos por parejas.
  • No tienen el espacio adecuado. Esto unido a lo anterior puede hacer que algunas especies no críen. Del mismo modo que un diamante mandarín puede criar hasta en el suelo, otras aves no lo harán hasta sentirse cómodas.
  • Nerviosismo. Por muy deseosos que estemos de ver cómo crían nuestras aves, tenemos que dejarlas tranquilas. Nuestra continua presencia sólo conseguirá que los animales estén intranquilos y no se apareen.

Cuando las aves se aparean y ponen huevos, pero estos no llegan a buen término, la frustración es mayor aún. Esto puede estar provocado porque:

  • Los huevos no están fecundados. Pueden ser dos hembras comportándose como pareja. También que el macho no realice correctamente el acoplamiento con la hembra. Es conveniente observar si las perchas están sujetas firmemente o si el macho tiene algún defecto físico que le impida mantener el equilibrio durante el apareamiento.
    No hay que confundir este problema con el hecho de que en las puestas a menudo algún huevo no está fecundado, sobre todo el primero.
  • No se dan las condiciones de humedad suficientes. Algunas especies, como los agapornis, humedecen los nidos para crear la humedad adecuada. Para solucionarlo bastará con poner un platillo con agua donde se puedan bañar.
  • Los huevos ruedan por el fondo del nido. Muchas especies en la naturaleza acolchan o deforman la superficie de los nidos para hacerla más confortable. Los nidos de madera que se venden en los comercios, a veces son totalmente lisos. Al colocarse la hembra sobre los huevos los hace rodar, con lo que no se incuban correctamente. La solución es proporcionar a los pájaros material, como serrín, pequeñas ramitas o pelo de cabra, según la especie.
  • La alimentación. Las aves como cualquier otra especie necesitan una alimentación equilibrada para realizar correctamente sus funciones vitales. Las hembras, en concreto, gastan mucha energía en la puesta e incubación, por lo que frente a una alimentación defectuosa pueden optar por abandonar los huevos. También la mala nutrición puede provocar que los pollos no se desarrollen y no lleguen a nacer.
  • La falta de instinto. Muchas veces las psitácidas alimentadas a mano pierden totalmente el instinto natural, ya que han sido empujadas por los humanos a llevar una vida doméstica. Por ello cuando les llega el momento de criar no saben qué es lo que tienen que hacer porque nadie se lo ha enseñado.
  • De nuevo las personas. El estar continuamente mirando el nido a ver si ya hay pollos o los continuos sobresaltos les provocan estrés a los pájaros. No todas las especies reaccionan igual, pero es algo a tener muy en cuenta.

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