Aunque la noticia tiene ya más de dos meses, no me he podido resistir a publicarla, dado lo increible que resulta.
Publica el Herald Tribune que la policía del Aeropuerto de Newark, en Estados Unidos, pretendió cachear a una hembra de loro gris antes de embarcar junto a sus dueños en un vuelo hacia Phoenix, a fin de comprobar si ésta portaba explosivos. Para ello el agente encargado de la seguridad preguntó, antes de realizar ningún arriesgado intento, si el animalito picaba. Evidentemente un yaco educado y doméstico no pica en situaciones normales, pero eso no incluye que un desconocido le levante las alas con quién sabe qué intenciones.
Por suerte para el policía, a Rosie, la pobre hembra sospechosa de terrorismo, le habían enseñado unos cuantos trucos, entre ellos el de imitar a un águila, con las alas levantadas y la cabeza agachada. Este pequeño gesto sirvió para demostrar que no llevaba ningún elemento inadecuado escondido entre el plumaje y para poder proseguir el viaje.
Quizás la situación mundial nos haya llevado a esto, pero no deja de ser gracioso pensar en Rosie, o en cualquier otro loro, defendiéndose del cacheo de un incauto policía.











































